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Juan Carlos Rojas, el culpable del ridículo morado

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Juan Carlos Rojas, el culpable del ridículo morado

Columna del periodista Milton Montenegro

Muchos lo llaman el “Monstruo de mil cabezas” y no es la Hidra de Lerna, el monstruo de la mitología griega, solo es el ‘monstruo’ morado, guiado y manejado por un grupo donde sobresale la cabeza del líder, quien en el aspecto deportivo hace mucho perdió el Horizonte.

La Hidra de Lerna tenía la virtud de regenerar dos cabezas por cada una que perdía o le era amputada, el engendro morado no posee esa capacidad, solamente es liderado por don Juan Carlos Rojas, quien hoy tiene a Saprissa hundido en el ridículo más grande de su historia.

En México y con el humillante 6 por 1 que le atestó el Santos, la afición saprissista empezó a recoger los frutos de los errores de Rojas.

Pero no es justo que la afición pague por los errores de otro, por los yerros del presidente, ya fue demasiado irrespetada y mancillada cuando en el torneo anterior de la Liga de Campeones de Concacaf, el América le recetó cinco tantos a la ‘S’.

Los morados digirieron el trago amargo con la esperanza de que Rojas corregiría para este certamen.

Esperaban que don Juan Carlos y Horizonte Morado armarían un equipo para por lo menos darse a respetar frente a los mexicanos, pero un día después de que el América los ridiculizó, el jerarca de los tibaseños salió con la excusa de “perdimos ante el más poderoso” y luego agregó: “Cómo va a ser un fracaso perder ante el América. No veo cómo eso pueda ser un fracaso”.

Con esas frías y lapidarias excusas le adelantó a los seguidores del club que no se reforzarían para el siguiente certamen y claro podían esperar lo peor.

Y lo peor llegó en Torreón luego de una serie de malas decisiones de don Juan Carlos Rojas, no reforzó el equipo, en ese instante solo llegó Francisco Calvo y volvía David Ramírez de Francia.

“Estamos preparados”, le comentó Rojas a la prensa cuando se enteró que en su grupo estaba el Santos mexicano.

Todavía un mes antes, en setiembre, Rojas tuvo la osadía de manifestar en Radio Columbia: “Para mí la planilla del Saprissa es la mejor del país”.

Pero cómo va a ser la mejor, cuando en ese camerino se habla de muchachos agrandados, de chiquillos que solo se ganaron el mote de “Princesos”, de jóvenes que debían corregir y si es del caso separar a algunos, pero Juan Carlos Rojas prefirió quitar a Jeaustin Campos.

Que si había que quitarlo o no, que si lo hizo de la forma adecuada o no, esa es otra historia, pero debió mejorar y reemplazarlo con un entrenador de mayor jerarquía.

En lugar de eso le tiró la brasa al inexperto de Douglas Sequeira, quien al parecer ante el Santos se volvió loco, o al menos dio la impresión que no sabía lo que hacía.

“La gente sabe como trabaja Horizonte Morado y me siento convencido de que aquí las cosas las hacemos bien”, palabras de Rojas al periódico La Nación y siguió el presidente del desteñido equipo morado con sus palabras que no se las cree nadie.

“No solo se trata de ganar, sino de jugar bien. A la afición no le basta con los triunfos, el saprissismo espera una buena representación y creo que el tiempo nos va a dar la razón”, expresó Rojas para justificar la presencia de Sequeira.

Humillado y apaleado, Douglas empezó a pagar el derecho de piso. Tomó malas decisiones en Torreón, como sus cambios sin sentido y emplear ese juego de tirar los balones hacia atrás, donde el arquero juega como un líbero.

¿De dónde sacó eso?, hoy día el fútbol no se juega así y para tener un ‘portero líbero’, el arquero debe poseer gran dominio de la pelota, pero en la mayoría de jugadas, Danny Carvajal con el balón en los pies se enreda, es un riesgo y de seguir así, los delanteros veloces van a hacer fiesta con Saprisssa, lo van a  seguir goleando.

Pero la culpa no es de Douglas, la culpa es de Juan Carlos Rojas, quien sentó a Sequeira en el banquillo sin tan siquiera haber dirigido en un torneo al alto rendimiento morado.

“Domingo a domingo en la cancha se verá lo que queremos”, dijo Juan Carlos Rojas y deportivamente es lo único en lo que ha tenido razón, bajo su gestión, Saprissa pasó de lo sublime a lo ridículo. ¡Al monstruo de mil cabezas solo hay que amputarle una cabeza!.

Fuente: Cronica.cr

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